Lucia W. Brockmann Navarro 
Abogado con más de 20 años de experiencia
Arbitro del Centro de Mediación y Arbitraje “Antonio Leiva Pérez” desde su fundación.

Luego de más de diez años de vigencia en nuestro país, de la Ley 540 Ley de Mediación y Arbitraje, he revisado algunos de los elementos por los cuales debemos reflexionar si en Nicaragua a esta fecha la institución del arbitraje es una realidad en lo referente a su ámbito de aplicación, cantidad de asuntos sometidos a arbitraje y credibilidad de la figura promovida por los conocedores de la materia, o ha tenido el arbitraje, una suerte de ficción en donde solo algunos pocos seguimos convencidos de su validez y eficacia en el campo jurídico.  Sin embargo para aquellos que creemos en todas las posibilidades de que somos capaces los seres humanos debe aplicarse con razón la frase de que la realidad siempre supera la ficción.

Toda vez que dentro de un contrato comercial, las partes revisan con detenimiento la manera en que van a resolver sus posibles controversias futuras, e incluyen el compromiso arbitral materializado en una cláusula arbitral, se encuentra dichas partes saliendo de la mera ficción y entrando a un primer plano de la realidad, realidad que experimentaran al dar inicio al arbitraje mismo.  Ahora bien, este acuerdo de arbitraje puede tener origen no solo de un contrato escrito, sino posterior al nacer la disputa o controversia que no ha podido ser resuelta, y que ante el hecho inevitable de acudir a las autoridades judiciales, escogen de común acuerdo y en forma voluntaria someterse a un proceso arbitral.

Comparto con los lectores, las principales razones por las cuales en Nicaragua el Arbitraje, como mecanismo alterno de solución de controversias que surge de la autonomía de la voluntad de las partes, quienes delegan en un tercero (s) imparcial denominado árbitro, la resolución de la controversia, hoy en día es una es una figura jurídica valida y que ofrece prerrogativas en su aplicación para encontrar una solución a sus controversias.

Cito para ello a Francisco González de Cossío,  jurista mexicano y catedrático de la materia de Derecho Arbitral por muchos años de la Universidad Iberoamericana,  quien elocuentemente expone que para el éxito de un proceso arbitral debe comprobarse por una parte la calidad de los actores involucrados en el arbitraje como son: a) Un buen tribunal arbitral, especializado en cuanto a la materia si se trata de Arbitraje de Equidad, y abogados de alta calidad profesional y reputación personal, en los Arbitrajes de Derecho;  b) Buenos abogados de parte, para representar ante este procedimiento flexible y no rígido las pretensiones de sus clientes; y  c) Un buen juez, para los casos de medidas cautelares y de aquellas actuaciones que no son facultad del Tribunal Arbitral, y por la otra parte,  la guía de trabajo de estos actores, que son en primer lugar una buena cláusula arbitral, utilizando para ella las cláusulas modelos; y en segundo un buen laudo o sentencia arbitral,

Aquí viene la reflexión inicial “Los hombres suelen, si reciben un mal, escribirlo sobre el mármol; si un bien, en el polvo”, si después de un primer contacto con la Ley de Arbitraje, con la redacción de la cláusula arbitral, con la controversia misma y más aún al conocer de alguna experiencia de abogados  sobre el papel que juegan los árbitros, viene a la mente que todo lo bueno no se trasmite con la misma velocidad que aquellas acciones incorrectas. Ante un litigio o  controversia de cualquier naturaleza lo primero que se recuerda y se sopesa son las dudas y temores ante las dificultades del sistema judicial, de los costos del proceso legal, y los posibles resultados inciertos de una sentencia.  No obstante, todos aquellos que han vivido la experiencia de un Arbitraje Institucional

seguido conforme a las  reglas de procedimiento establecidas por el Centro de Mediación y Arbitraje “Antonio Leiva Pérez” de la Cámara de Comercio y Servicios de Nicaragua, como ente administrador del proceso para garantizar el buen desarrollo del procedimiento hasta que se dicte el laudo, debemos decir guardan como un secreto su valiosa experiencia y la reservan sin compartir el privilegio del éxito a  otros, que pudieran beneficiarse de tal mecanismo.

Por lo cual comparto con comerciantes, empresarios, emprendedores e inversionistas en general y principalmente con abogados y asesores legales, que la figura del Arbitraje no es una ficción, es una institución que garantiza para la solución de sus problemas y controversias de orden legal:

  • Obtener resoluciones definitivas y vinculantes por medio del laudo o sentencia arbitral: El arbitraje permite obtener una decisión definitiva y ejecutoria. Los laudos arbitrales no son apelables y por ello tienen más posibilidades de ser definitivos que las decisiones de primera instancia de los tribunales ordinarios. El laudo arbitral puede ser recurrido, pero los motivos de dichos recurso son estrictamente limitados.
  • Garantizar la participación de Árbitros especializados: El arbitraje ofrece a las partes la posibilidad de designar árbitros a las personas que éstas deseen, siempre y cuando reúnan los requisitos de imparcialidad, de esta manera, las controversias podrán ser resueltas por especialistas en la materia objeto de controversia.
  • Confidencialidad y Privacidad del proceso: Las audiencias de los tribunales arbitrales no son públicas, y solamente las partes conocen de lo que sucede en el transcurso del proceso, excepto que las partes expresamente autoricen lo contrario.
  • Rapidez y economía: Salvo acuerdo en contrario de las partes, en principio el tiempo máximo de duración del proceso arbitral es de seis meses contados a partir de la integración del tribunal arbitral, incluso cuando la resolución del tribunal arbitral sea compleja y exija tomarse el tiempo de los seis meses, el carácter limitado de la posibilidad de recurrir de los laudos arbitrales proporciona una ventaja innegable al arbitraje frente a los procesos judiciales ordinarios. Las partes gozan las ventajas de no tener que gastar más tiempo y dinero en recursos ordinarios sucesivos como apelación o los recursos extraordinarios como el de casación.
  • Imparcialidad: Los árbitros no deben tener nexo alguno con las partes ni sus apoderados, ni interés en la controversia directa o indirectamente, lo que constituye una garantía de independencia, imparcialidad y confiabilidad en el proceso sin que se favorezca a una de las partes más que a otra.

Concluyo invitando a todos los lectores a considerar la inclusión de las cláusulas de arbitraje en sus contratos, y sugerirles a sus abogados que omiten hacerlo, primero les expongan cuales son las consideraciones o argumentos legales o facticos para no hacerlo, y poder dialogar sobre cuáles serían los riesgos de incluir el arbitraje como solución a sus controversias. Efectuado el análisis anterior podrán dar el ejemplo y promover en Nicaragua,  el éxito del arbitraje como un método de solución de conflictos gracias a las ventajas antes compartidas,   porque “Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera” Einstein, Albert.